A un desconocido al que le tengo cariño
Recuperación
Hola, desconocido:
Te escribo a ti, aunque no te conozco de nada. Hace unos años estuve a punto de irme. Lo tenía todo decidido, incluso lo había dejado por escrito. No voy a entrar en detalles porque no importan y porque no quiero poner ideas en tu cabeza. Lo que importa es lo que pasó después: no lo hice.
Y no lo hice por una razón grandiosa. No lo hice porque alguien me salvara con un discurso brillante. Lo hice porque me quedé dormido y, al despertarme, había amanecido y tenía un mensaje en el móvil de un amigo preguntándome si quería ir a caminar. Y pensé: bueno, quizá un día más.
Ese día se convirtió en una semana, y la semana en un mes. Y en ese mes empecé a hablar con un psicólogo. Y en ese año, poco a poco, aprendí a vivir con lo que me dolía en vez de morirme por ello.
Te cuento esto porque quiero que sepas algo muy concreto: yo era una persona normal. No tenía una vida terrible. Tenía un dolor que no sabía explicar y una cabeza que me convenció de que no había salida. Estaba equivocado. Equivocado de una manera enorme y silenciosa que solo se ve desde el otro lado.
Si estás ahí ahora, leyendo esto, quiero pedirte una cosa: no tomes hoy la decisión de la que no se vuelve. Ni hoy, ni mañana, ni esta semana. Deja pasar tiempo. Habla con alguien. Llama a un teléfono de ayuda. Ve a urgencias si hace falta. Cualquier cosa menos eso, porque eso no tiene vuelta atrás y todo lo demás sí.
No te conozco, pero me caes bien. Sé lo que se siente al estar ahí y sé lo valiente que es seguir un rato más.
Te espero en el otro lado, que es un sitio bastante mejor de lo que parece desde donde estás.
Con cariño sincero,
— J.
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.