De una madre que también se perdió
Familia y crianza
Hola:
Cuando nació mi hijo, todo el mundo me dijo que sería la etapa más feliz de mi vida. Y lo fue, a ratos. Pero también fue la época en la que me sentí más sola, más torpe y más asustada. Nadie me avisó de eso.
Hay un silencio muy concreto que conozco: el de las tres de la tarde, con el bebé dormido, la casa patas arriba y una madre sentada en el suelo de la cocina pensando «no puedo con esto, y si lo digo van a pensar que soy una mala madre». Ese silencio es mentira. Está lleno de gente. Muchísima más de la que imaginas ha estado ahí sentada, en ese mismo suelo, con esa misma frase en la cabeza.
Si estás en ese punto, quiero que sepas tres cosas.
Primero: pedir ayuda no te quita nada de madre. Te devuelve algo. Yo tardé dos años en decirlo en voz alta y lo único que pasó fue que dejé de estar sola con ello.
Segundo: tu hijo no necesita una madre perfecta. Necesita una madre viva, presente y honesta. Necesita verte cuidarte, pedir perdón cuando te equivocas y decir «hoy estoy cansada». Eso también es educar.
Tercero: no tienes que ser fuerte todo el rato. Puedes llorar en el baño. Puedes dejar al niño con alguien de confianza y dormir tres horas. Puedes pedir a tu pareja, a tu madre, a tu amiga, a tu vecina, al pediatra, a los servicios sociales. Sí, a los servicios sociales también: están para esto, no para quitarte a nadie.
Yo sigo aprendiendo. Hay días buenos y días malos, y ya no me da miedo decirlo en voz alta.
Si hoy solo puedes hacer una cosa, que sea contárselo a alguien. Y si no puedes contárselo a nadie, escríbenos. Aquí estamos leyendo.
Con todo mi cariño,
— Una madre que sigue aprendiendo
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.